La combinación de altas temperaturas, escasez hídrica y suelos compactados pone a prueba la eficiencia y sustentabilidad de la cosecha estival, donde técnicas de preparación profunda del terreno emergen como una solución estratégica.
La temporada de verano en Chile, sinónimo de abundantes cosechas de uvas, cerezas, carozos y berries para los mercados internacionales, es también un período de intensos desafíos para el sector frutícola. Bajo un sol implacable, los productores enfrentan una carrera contra el tiempo para recolectar la fruta en su punto óptimo, una tarea compleja que se ve agravada por condiciones climáticas adversas y problemáticas de fondo en el manejo de los suelos.
Las altas temperaturas no solo aceleran la maduración, exigiendo una logística de cosecha y cadena de frío impecable, sino que también incrementan la evapotranspiración, presionando aún más los recursos hídricos en un contexto de megasequía. Este estrés hídrico impacta directamente en el calibre y la calidad final del producto. Sin embargo, un desafío menos visible pero igualmente crítico es la compactación del suelo. El tránsito constante de maquinaria pesada durante labores de cultivo, poda y cosechas anteriores genera capas endurecidas (pie de arado) que impiden el correcto desarrollo radicular y el drenaje del agua, justo cuando las raíces más necesitan explorar el perfil del suelo en busca de humedad y nutrientes.
En este escenario, el subsolado se posiciona como un aliado técnico fundamental. Esta práctica, que consiste en fracturar las capas compactadas del subsuelo sin voltearlo, permite romper esas barreras físicas. Un suelo correctamente subsolado mejora radicalmente la infiltración del agua de riego o de eventuales lluvias, reduce la escorrentía y facilita que las raíces se profundicen. El resultado es un sistema radicular más robusto y eficiente, capaz de acceder a mayores reservas de humedad y nutrientes, lo que se traduce en plantas más resilientes al estrés térmico e hídrico del verano.
La implementación estratégica del subsolado, preferentemente en la etapa de renovación o habilitación de un huerto, es una inversión en sustentabilidad productiva. No se trata de una labor anual, sino de una corrección profunda que prepara el terreno para ciclos completos. Maximiza la eficiencia del riego –un recurso cada vez más escaso y costoso– y contribuye a la salud general del cultivo, impactando positivamente en los rendimientos y la calidad de la fruta en las temporadas venideras.
Para los productores que buscan renovar sus cultivos de manera sustentable y preparar el terreno para enfrentar los desafíos climáticos, existen soluciones integrales que van más allá del subsolado. La habilitación profesional de terrenos es clave. Empresas con expertise como LoginFor ofrecen servicios que combinan la trituración de biomasa de cultivos anteriores (como parras o frutales antiguos) con técnicas de preparación del suelo, eliminando tocones y raíces sin recurrir a la quema. Este enfoque no solo descompacta y acondiciona el suelo de forma eficiente, sino que además incorpora materia orgánica triturada, mejorando su estructura y fertilidad para el nuevo ciclo productivo, en línea con una agricultura moderna y resiliente.